‘Alma libre’, ‘La fugaz melena de rizos volando por el pasillo’, eran maneras con la que su padre describía a su madre. Con esas palabras siempre empezaba a relatar la historia de cómo una noche en un concierto de Bowie, una imprudente fan se coló en el backstage, con intención de sisar un póster gigante del cantante. Pero, en su camino, un técnico la paró; la llevó a un lateral del escenario y se hicieron con él en cuanto se marchó todo el mundo. Y, concierto para allí, concierto para allá, la pareja fue otorgada con un niño.Poco después decidieron establecerse en un pueblo perdido en Indiana, que estaba destinado a permanecer de ese modo, con la intención de concederle una vida tranquila y familiar a su hijo.Y así fue, durante unos años. No obstante, su madre seguía siendo un alma libre; y así lo dejó retratado en una carta de despedida. Durante el siguiente año fueron recibiendo postales provenientes de todos los rincones del globo. Con el paso del tiempo se hicieron menos frecuentes, hasta que dejaron de llegar. Aún así, el menor de los Corbyn siguió consultando el buzón a diario.Su fe se desvaneció, así como el lazo entre su padre y él. A medida que los años pasaban y que Shane crecía, su progenitor se enfriaba. No hacían el desayuno juntos los domingos con la radio al máximo, no jugaban a juegos de mesa, no iban a ver las mejores películas de ciencia ficción de la década. Para cuando se levantaba, su padre se había ido. Volvía del colegio y la casa seguía desierta. Al anochecer se dejaba caer, cerveza en mano y cabezada en el sillón.Pero todo aquello dejó de ser ‘tan’ desmoralizador en cuanto inició la secundaria. Conoció a Nil, quien a pesar de sus constantes gajes, se volvería su mejor amiga y le abriría las puertas a su futura banda y al Hellfire Club. Le siguió Izhan que, aunque fuera un Hopper, llegaron a ser inseparables; Harry, con su encantadora vanidad; Liz, guerreando hasta estando dormida.Si algo le quedó claro a Shane después de dieciocho años, es la afirmación y revaloración del cuerpo y de los instintos, de la lucha por la supervivencia, de la naturaleza, del amor y de la muerte, de la finitud y la parte irracional de la vida. Decir ‘sí’ a la vida, para no perderlo todo.